The criminal judges who sadden the Christmas. José Mª de la Viña

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The criminal judges who sadden the Christmas. José Mª de la Viña

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Sin justicia lo demás no importa. Cuando un país necesita promulgar leyes para proteger a niños arrebatados y a padres divorciados del sadismo, la arbitrariedad y el abuso de sus propios jueces significa que la sociedad que santifica tales crímenes está enferma.

Cuando un país permite ejercer a jueces criminales que provocan en muchos niños el llamado síndrome de alineación parental, cuando fomentan su manipulación más vil, cuando promueven fracaso escolar y les provocan problemas psicológicos y de comportamiento que arrastrarán durante toda su vida, cuando promueven la infelicidad más atroz de una manera sistemática, significa que la sociedad que permite tanta crueldad y tanta vileza para con la infancia, dejándola desprotegida a causa de su perfidia políticamente correcta, está enferma.

Cuando en un país ejercen jueces criminales que fomentan por sistema violencia de género, cuando roban y arrebatan niños a causa de su intransigencia ideológica o por machismo, cuando tales jueces criminales se dedican a envilecer a la mujer al condenarla de nuevo al fregadero, a una vida fácil sin necesidad de pegar ni golpe a costa del sudor y la degradación física y económica, de la dignidad despojada de los que fueron sus cónyuges, significa que la sociedad que permite desigualdad de género tan envilecedora y arcaica está enferma.

Cuando jueces criminales empujan al suicidio a padres que no pueden ver a sus hijos, cuando en su desesperación los impulsan a cometer actos violentos sino asesinatos, fomentando la violencia de género, significa que la sociedad que incuba y hace germinar tales crímenes terribles está enferma, para regocijo de los titulares de prensa y aquellos desalmados que quieren perpetuar un estado permanente de excepción mediante la aplicación de leyes demenciales envueltas en corrección política falsamente progresista.

Sin justicia lo demás no importa. Cuando un país necesita promulgar leyes para proteger a niños arrebatados y a padres divorciados del sadismo, la arbitrariedad y el abuso de sus propios jueces significa que la sociedad que santifica tales crímenes está enferma.

Cuando un país permite ejercer a jueces criminales que provocan en muchos niños el llamado síndrome de alineación parental, cuando fomentan su manipulación más vil, cuando promueven fracaso escolar y les provocan problemas psicológicos y de comportamiento que arrastrarán durante toda su vida, cuando promueven la infelicidad más atroz de una manera sistemática, significa que la sociedad que permite tanta crueldad y tanta vileza para con la infancia, dejándola desprotegida a causa de su perfidia políticamente correcta, está enferma.

Cuando en un país ejercen jueces criminales que fomentan por sistema violencia de género, cuando roban y arrebatan niños a causa de su intransigencia ideológica o por machismo, cuando tales jueces criminales se dedican a envilecer a la mujer al condenarla de nuevo al fregadero, a una vida fácil sin necesidad de pegar ni golpe a costa del sudor y la degradación física y económica, de la dignidad despojada de los que fueron sus cónyuges, significa que la sociedad que permite desigualdad de género tan envilecedora y arcaica está enferma.

Cuando jueces criminales empujan al suicidio a padres que no pueden ver a sus hijos, cuando en su desesperación los impulsan a cometer actos violentos sino asesinatos, fomentando la violencia de género, significa que la sociedad que incuba y hace germinar tales crímenes terribles está enferma, para regocijo de los titulares de prensa y aquellos desalmados que quieren perpetuar un estado permanente de excepción mediante la aplicación de leyes demenciales envueltas en corrección política falsamente progresista.

La Santa Inquisición ha devenido en laica Inquisición. Nada ha cambiado en la justicia española después de tantos siglos. Los métodos son los mismos. Las víctimas han cambiado de sexo o son menores de edad. No pueden quejarse. No cuentan para nada más que para ser manipulados por los jueces criminales y las cohortes de llamemos “expertos” a su servicio, con tal de privarlos del padre y hacer cumplida caja.

Cuando se deroga por ley la presunción de inocencia garantizando la presunción de culpabilidad, permitiendo arrestos indiscriminados al pertenecer la víctima a un colectivo determinado sea gitano, pobre, palestino, judío, negro o un simple padre se corre el riesgo de que tal arma se utilice antes o después por un poder sin escrúpulos por otros motivos todavía más turbios, y por los jueces criminales con gozo y fruición fanático, para poderse ir los muy holgazanes cuanto antes a casa después de un intenso día de sadismo acumulado.

En uno de cada cuatro procesos de divorcio en España hay denuncias de malos tratos por medio, por lo menos, cochinamente falsas casi todas. Basta una simple denuncia para encarcelar preventivamente al más débil, por si las moscas, al cual le han arrebatado de toda protección jurídica, criminalizándolo de por vida.

Se apoyan los jueces criminales en la infausta ley genocida en vigor, vergüenza y oprobio de esta democracia terminal, anticonstitucional a pesar de haber sido refrendada por un Tribunal Constitucional relleno de borrachos, peleles o borregos incapaces de defender aquello que han jurado, en la que el marido es culpable por el mero hecho de serlo, donde la presunción de inocencia ha sido abolida y donde se es condenado por razón de su sexo.

Jamás se condena al agresor causante de tales denuncias falsas, ni siquiera se le juzga, ni a los abogados que las promueven con el fin de que puedan a reincidir a su antojo al sentirse ambos impunes, pasando por caja, instaurando el terror entre sus indefensas víctimas para poder cobrar más de la cuenta.

El fascismo sociológico no permite sacar a la luz, y menos debatir, el drama silenciado que desde hace muchos años oculta la sociedad española, que está enferma, que es perpetrado por sus propios jueces criminales con el apoyo entusiasta de determinados colectivos codiciosos e integristas o, llamémoslo por su auténtico nombre, nazis.

La custodia compartida tiene que ser, por defecto, obligatoria. Los gastos, a medias. Punto de partida siempre. Algo que debería ser de cajón es necesario promulgarlo por ley y aplicarlo de manera retroactiva con el fin de resolver el masivo sufrimiento, neutralizando a los jueces criminales y revisando una por una sus disparatadas sentencias.

Es imperativo promulgar tal ley de manera inmediata para defender a los ciudadanos de la crueldad de sus propios jueces, resolviendo dramas vigentes, pidiendo perdón las Cortes en pleno por el daño inflingido durante los últimos diez años por unas Señorías analfabetas a sueldo de la ignorancia vigente y del fascismo intransigente.

Una sociedad que promueve leyes genocidas, que necesita tomar acciones tales a las exigidas con el fin de proteger a los ciudadanos de sus propios jueces, es una sociedad enferma y, su justicia, corrompida.

Un año más, miles de padres y niños españoles entristecidos no tendrán una feliz Navidad a causa de los jueces criminales que gozan causando dolor, aplicando leyes inquisitoriales con saña, sadismo y abominable crueldad. Y, la sociedad que lo permite, está enferma.

Sin justicia, lo demás no importa. Feliz Navidad. Es un decir.

José Mª de la Viña

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